sábado, 6 de septiembre de 2008

Qué paz...

Estoy en mi casa, recién llegada de una comida-tarde en casa de mis padres. Hoy se reunió todo el clan y lo hemos pasado muy bien. Mi in-law ha tenido que subir a trabajar unas horas porque no sé qué problema surgió y esto me ha dado pie a disfrutar de esta paz que se respira en esta casa. No se oye más que algún pajarillo o perro lejano, ni voces, ni practicamente coches, ni nada más que la puesta de sol que hoy han creado para mi y para que yo la vea, mi cervecita y mis manises... este porche es un remanso de paz, cada vez que me siento aquí y lo disfruto como hoy me digo ¿pero cómo tardastéis tanto en venir a este sitio? dejé la ciudad pensando que igual no me acababa de acostumbrar a vivir en el campo y hoy pienso que si me tuviera que ir de aquí lloraría de tristeza... la vida, que me lo puso delante y casi me lo pierdo por no fijarme, hoy lo puedo decir con la boca y el corazón lleno: esto sí es vida!

2 comentarios:

Mamá Carmen dijo...

¡Qué envidia me ha entrado Coro! Para mí fue al contrario, hasta los dieciocho en el campo y luego sólo esporádicamente, primero por estudios y ahora que vivo hace ya 15 años en una media-ciudad. Hecho de menos el campo, su tranquilidad y el salir a la puerta sin que tengas que preocuparte de que te atropelle el primero que pasa. Y un huerto, yo quiero un huerto. Ya llegará, ya llegará.

Saludos.

coro dijo...

Sabes qué pasa, que para mi es una novedad porque toda mi vida he vivido en el centro-centro de una ciudad de trescientos mil habitantes y ahora sigo trabajando en ella, sigo yendo todos los días y entonces el campo para mi fue un descubrimiento y eso, una paz que nunca imaginé iba a disfrutar tanto. Llegará seguro...