sábado, 30 de octubre de 2010

Termómetro familiar.

Acabo de llegar de comer en familia después de casi un mes, me refiero full equip de elementos de serie. Me acordé hoy de María cuando hace este mismo tiempo, creo que fue en la última crónica de comida familiar cuando me escribió, no lo encuentro, y me dijo que le gustaba leer que me divertían estas comidas porque ella y su madre se las curraban mucho y esto es lo que querían conseguir de sus comensales. Me gustó mucho leer lo que me dijo.

 Hay personas muy jodidas que tratan de dinamitar toda reunión, es cierto; también es dificil dar con políticos que le gusten al resto, o que simplementen no enreden, tan dificil como encontrar gente así a tu alrededor, en tu trabajo, en tu día a día, que sí, que todo el mundo es muy bueno pero hay un número indecente de tocapelotas, existen y nadie te libra de compartir con ellos mesa y mantel. Mi madre y yo lo hemos hablado mil veces en nuestros paseos solas por el paraíso de verano, mis hermanos, como las dos, no somos personas fáciles, tenemos manías, filias, fobias, rarezas, edad y otros animales, y es un gusto cuando tu in-law y los políticos de los demás, disfrutan con las comidas de mi familia y, como a nosotros, les apetecen. Puede pensarse muy acertadamente que eso habría que preguntárselo a ellos, y yo digo que no siempre hace falta hacerlo para saber lo que dicen las caras. Por eso no podemos estar más agradecidas con la suerte. Conste que ahora tengo sólo una cuñada ejerciente, pero me vale igual porque las dos nos gustan siendo absolutamente diferentes, la que ahora no ejerce, porque en teoría no es, ya no viene, pero algún día, si sigue nosiendo-siendo, volverá. A mi me caen realmente bien, no somos íntimas y no necesitamos serlo.

Este verano hubo un momento de crisis, estaba de familia hasta el gorro y dejé de ir unas semanas, luego volví renovada y con más ganas que nunca. Ahora seguimos viéndonos cada dos o tres semanas y con intención de divertirnos además, algo imprescindible. Para lo demás, está la ser como dice el anuncio, la cual, por cierto, no oigo, pero me viene bien para decir que me relamo pensando en nochebuena por ejemplo y, dado el día del mes que hoy es, puedo incluso llorar de emoción. Algo habrán tenido que hacer bien mis padres en esta vida para que se nos den tan bien las faenas de los sábados.

En fin, María, no desistas.

lunes, 25 de octubre de 2010

Ajo y agua.

Esta semana no me apetece. Tengo la que espero sea mi última guardia, no lo dejé por pena, nunca mejor dicho, pero ya tenía que haberlo hecho; la anterior fue muy llevadera, si hubiera sido de aupa seguro que en llegando a casa me habría dado de baja ipso facto. Pero soy así de tocapelotas, y ahora, verás la que lío.

Por lo demás, se salva que mañana como con ellas, entrada que voy a tener que actualizar porque ahora mismo cualquier parecido con sus realidades es pura concidencia, hace mucho que no nos reunimos y esto sí me apetece.

Una de cal y otra arena, la semana es muuuuuuuy larga. No todas lo son.

domingo, 24 de octubre de 2010

Inventando palabras y cambios.

Punset es Punset y tiene adeptos y odiadores a millones, a mi me gusta mucho su sentido común aplicado al sentido más científico de la vida. Se está celebrando este fin de semana un congreso sobre la felicidad muy interesante. Y ya si este congreso hubiera sido patrocinado por un buen tinto, no por cocacola, me habría ido allí como acólita impenitente del tinto y de la felicidad minutera, que dura los minutos que dura, sin dudarlo.

Parece que reunirse para hablar de la felicidad es algo ñoño, cansino o, a lo peor, lleno de obviedades y buenismo (del que huyo cual gato al agua: no puedo con él). Porque parece también que todos sabemos perfectamente qué nos hace feliz o no y qué es y qué no nuestra felicidad como para hablar sobre el tema durante horas y horas en unas conferencias. Sin embargo, el viernes recibí mi ración de realidad del fin de semana al oir algo tan aparentemente simple como que es muy dificil que lo mismo que te hace infeliz te haga feliz, por tanto, si estás en una situación en la que no lo eres, cámbiala o de otro modo, en esa misma coyuntura, no conseguirás serlo. Y ahí es donde sumergí mis inventos: es cierto?, lo que nos pasa es fruto de la mala suerte? esperar a que cambien la situación determinada y se nos de mejor la faena?. Y dónde está la mano que mece la cuna? Sentarse a esperar?. Son opciones de vida. No me meto hoy en situaciones en las que hay una desgracia por el medio, causa, efecto y dolor o infelicidad exógena que no es ni evitable ni fácil de resolver, no, bastante tengo con encargarme ahora sólo de la felicidad endógena.

Tengo claro, después de dos paseos por la playa de una hora y media cada uno, en dos días consecutivos, íntegramente dedicados a ello, que efectivamente lo que me hace infeliz, si no introduzco algunos cambios, no me va a hacer feliz. Y más aún, para serlo, antes no lo he sido y por eso lo sé. Já. Tienen mucho peligro estos paseos. Ay, cambios, sí, no sé siempre cuáles, cómo y, ciertamente además, a veces, me da pereza. Por supuesto que hay coyunturas en las que la mala suerte viene y se queda a vivir, pero no todo, todo, es fruto del azar. Por supuesto también, hay personas que sólo saben vivir en el caos felicitario más absoluto, no sólo eso, es su modo de vida pasar los días entre quejas y autocompadecimientos. Insisto, una opción más. Hay tristes. Y hay grises. Y por supuesto, los hay vagos incluso para ser feliz; los que tenemos tendencia a las dos cosas, felicidad y pereza, lo sabemos muy bien: soy feliz cuando soy feliz, necesito estar feliz para serlo, pero soy muuuuuuuy vaga para los cambios.
Y así transcurre mi fin de semana. Menos mal que sólo me da por esto durante los paseos y que, por fin, después de mil jornadas gastronómico-festivas concentradas en día y medio, llega el domingo de lacón con grelos como el de hoy, de mantita y chimenea por cierto, el primero de la temporada.

sábado, 16 de octubre de 2010

MMMMmmmmmmmm

Berlín está para entrar a vivir, como los pisos nuevos. Qué ciudad.


Es una ciudad que me ha dejado de piedra. Las ciudades a las que, después de visitar, me iría a vivir sin dudarlo son las que me dejan así. Ésta además te conmueve: cómo se puede superar tan bien un pasado tan horrible. Son protagonistas de la historia y sus huellas están repartidas por cada adoquín y cada ciudadano, realmente cuesta sonreír en según qué monumentos.

Recién llegada sólo me apetece hablar de Berlín, leer de Berlín, me apasiona su historia y la ciudad te la va mostrando casi en cada edificio, o sin casi, todo es producto de la reconstrucción o de la construcción sobre restos que aunque algunos ya no estén, se sienten en cada nuevo cristal colocado. Es alucinante. Me ha sorprendido tanto. Su historia la conocía en parte, su arquitectura moderna no, y es de lo mejor que he visto en años, la cúpula del Reichstag (Parlamento) de Norman Foster es espectacular, insisto, que la cola no desanime: merece la pena con creces.

Lo imprescindible además de las guías ya lo ha contado Moli aquí y aquí, incluso aquí, me llevé sus recomendaciones tipo guía y han resultado ser fantásticas.
Añado alguna cosa más como coger un barco en la isla de los museos cuando se está poniendo el sol, los poco dados a circuitos turísticos ni nos acercaríamos pero, en ocasiones, lo muy turístico no está mal: es genial ver lo que queda del sol al final de sus horas entrando por todos los cristales que recorren la ciudad, y por las hojas de los árboles en la ribera del río Spree, por el que discurre el circuito de una hora en el barco en el que nos sumergimos acompañados de muy pocos osados, hacía un frío peludo.

Por cierto y por si fuera poco, el otoño en Berlín es otro espectáculo llenito de colores.


En fin, tengo miles de letras sobre el día a día, comidas, bebidas, transportes... lo preparo con calma y lo cuento y lo enseño con alguna del millón y medio de fotos.




domingo, 10 de octubre de 2010

Gute reise.

Es el tercer intento. Primero fue en febrero de este año, un frío polar suficientemente ídem para darnos tiempo a cancelar viaje, impidió la debacle. Después mayo, mi intento de cumplir cada año en un sitio distinto, se fue al garate por mis culpasss estudiantilesss a deshora. Y por último, Octubre, un cumpleaños, y unos días libres que dejamos desde el verano, son la excusa perfecta para conocer Berlín. A la tercera. No necesitaba gran justificación: me apetece todo. Sólo tengo el pero de mi ubicación: el quinto curuto o la esquina del mundo o el puto culo, básicamente. No es cualquier cosa para los que, incomprensiblemente, nos volvemos miedosos en los aviones con los años, el clima del que parto no ayuda, todo hay que decirlo. Ir a Berlín supone coger dos vuelos ida y dos vuelta, y ya los estoy sufriendo. Lo único bueno es ese desayuno en la Plaza de Oriente que me voy a pegar a la ida, esa merienda con sobrina a la vuelta. Sólo la música y la lectura lo dan todo por la causa, que por cierto, llevo ya conmigo para los restos, sé el capítulo que leía cada aterrizaje, la canción que oía casi cada turbulencia, cierto es que, un par de veces al año, nada más, es fácil memorizarlas.

En fin. Lo importante es que tengo canguro de lujo para los que se quedan, mi padre, una vez más, tiene a bien facilitarme la vida. Nada nuevo por otro lado.

domingo, 3 de octubre de 2010

Liberando existencias.

Madredelamorhermoso!!! Pero qué pasa aquí, que si no llueve en verano se tienen que vaciar los depósitos de lluvia en un sólo día?, pues anda que no habrá días de otoño. Llover es caer agua, ok, pero lo que hace aquí este primer domingo de octubre es otra cosa: han abierto la compuerta del embalse del mundo por acumulación de stock y el outlet de agua se está celebrando en domingo, en uno sólo: qué manera de llover. Ni los perros quieren salir, les abro la puerta y se desconojan mirando al tendido: que salga yo si soy valiente, cómo me conocen; al exdiminuto lo he tenido que subir a la cinta de correr si no quería acabar con mis existencias de cosas susceptibles de ser mordidas en el universo a ras de suelo que, según parece, vive en mi salón para su deleite.

Llevo sin escribir mil vidas, sin tiempo para nada otro tanto de tiempo igual o mayor, visitas pendientes, comentarios...Volveré cuando el inventor de cuentos chinos logre días de 34 horas o noches de 3 sin necesitar dormir más para ser persona. Sabía que venía jarreón el día y me aprovisioné de enseres básicos todos ya dispuestos a mi alrededor, primero para la Ryder Cup, que me entusiasma y vivo con auténtico fervor, y para cuando acabese: mantita, lámpara de leer, libro, zapatillas, calcetienes por si, jarra bien fresquita de agua, pero claro, Gales es parte del mundo, así que allí también abrieron la compuerta del embalse y se han suspendido temporalmente los partidos. Parece que tengo que adelantar planes, no importa, están todos metiditos en un sofá.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Érase una vez.

No digo mil, pero unas horas más no es que sean necesarias, que también, es que deberían ser obligatorias: los sábados no dan. Las horas que tienen los sábados son claramente insuficientes. Con lo fácil que sería restarle al lunes unas cuantas y sumárselas a las horas del sábado siguiente. Tengo todo pensado: mientras no llegase el día D, estarían depositadas en el limbo de las horas, no es difícil, hay horas así cantidad de días; existiría un depósito o un archivo de horas límbicas (que sí, que no existen ni en la RAE, lo sé) y uno podría acudir a ellas cuando viese que el día se le iba a hacer corto. No me digas, sería genial, nos administraríamos las horas en sábados al gusto, en cualquier modalidad horaria además, igual en la tarde noche es donde hacen más falta. Luego va y me despierto.

Por cierto. Felicidades, querida. Muchas, muchas felicidades. A las doce, cuando llegue el domingo, no sé en qué tipo de plan estaré pero contigo seguro. Ya ves que soy discreta y no digo ni mu más. Bueno sí, que seas feliz, que ya te toca.