domingo, 14 de marzo de 2010

Buenas tardes.




Dedo índice derecho tocado por cuchillo, dedo corazón hundido por incendio, horno al 100% de su rendimiento por panes varios, caballos a mi alrededor, mil es mucho pero doscientos se aproxima. Perra en estado de excitación máxima en presencia de víctimas varias sobre las que actuar; le insisto en que no son de su especie pero no me cree, los ve guapos y no me extraña. Minimojito y marido roncando. Barra de la cocina también a pleno rendimiento: ronquidos y tardes de domingo son incompatibles, así que es mi centro de operaciones esta barra fantástica gracias a mi empeño (el de las cocinas me decía" no la veo, luego nunca se usan"; no sabía con quién trataba: una mujer a un tinto unida nunca pedirá más que una barra para sus horas felices); por eso, hoy no hay tapones, no los inventaron para el domingo. Y por último, La Misión. Creo que la la última vez que la vía estaba en la sala de cine con las monjas allá por los quince.

Reconozco que poco o nada más puedo pedir, si acaso alguien que no está.
Llevo currando en la finca desde las ocho y media, haciendo trabajos de tipa de ciudad: todo embellecimiento, ceromatacero productividad porque todavía no le he encontrado el punto al huerto por más que me chiflen las verduritas de mi vecina, sí, por vaga. Yo en el campo soy feliz. Lo he dicho tantas veces que puede sonar imposible, pero realmente sí soy feliz a media hora de la ciudad; días como hoy, de levantarme a las ocho con el cielazo azul en frente,verde, verde y más verde de compañía, de pulpo á feira, De Niro espectacular, J. Irons... No sé, con este olor a pan recién hecho que dejaré para la cena y el partido que viene, esta cocina...Hoy me siento flex.