domingo, 9 de agosto de 2009

Sí, quisieron...

In-cre-í-ble... es la palabra que mejor define la boda de hoy.
Llegamos tarde a la iglesia, por no variar, pero a tiempo para una celebración de las de verdad, no las de formulario, no, la de una celebración con mayúsculas. Lloré desde que llegué a la ermita pequeñita y la ví allí; ya no había sitio para sentarse y me quedé de pie viendo sus caras y sus lágrimas, y oyendo a sus amigos explicar lo importante que eran para ellos: luz y sal. Los novios quisieron hacer algo muy especial y lo consiguieron. No fue una eucaristía tradicional, fue su boda, y hablaron con el corazón sus más íntimos y los curas, como amigos suyos que eran, también.
Pre-cio-sa, jamás me había pasado en ninguna: no quería que terminara... Por supuesto, siempre llevo pañuelos en los minibolsos de las bodas, menos hoy, claro, que fue el único día que lo hubiera necesitado y tuve que agenciarme el chal para el secado rápido… Lo dije ayer, ella es muy especial para nosotros, mucho. Le falta su madre desde hace unos años y hoy le faltó todavía más; la madre de mi in-law ejerció como lo más parecido a una madre que se puede desde que la perdió y ella hoy se lo agradeció y con creces; en sus palabras finales, al terminar la misa, lo primero que hizo fue agradecer a su amiga del alma, y mi cuñada, y a mi familia in-law, entre la que me incluyo, todo nuestro cariño hacia ella, nos dijo que éramos su familia y que nos quería mucho. Hasta mi in-law, 0 religioso-0 ñoño, acabó llorando… fue tan, tan, tan bonito. Tuvo un recuerdo muy emocionado hacia su madre también y nos emocionó a todos. No fue nada melodramático fue, sencillamente, real.

Luego, la fiesta estuvo a la altura de las circunstancias. No pude casi hablar con ella después de la iglesia y la busqué porque llegué con unas ganas locas de abrazarla en condiciones y tuve mi oportunidad justo antes de cenar. Hace muchos años, nos confesamos nuestro amor una noche de carallada y no nos habíamos olvidado de nuestro gran abrazo... lo repetimos. Estaba tan contenta, tan radiante y feliz que nos volvimos a emocionar juntas. Así me pasé la noche, entre risas y lloros.
El ramo de novia lo partió en tres, y una parte se lo dio a mi suegra, y otra a mi cuñada. Precioso. Y luego, fotos en un proyector, y Serrat de fondo, y gorros con formas inverosímiles, el mío una ballena y el de mi in-law un bufón, juego de parejas: fui Hutch por unas horas, tenía que encontrarme mi Starsky y cuando lo hizo, de la alegría, nos marcamos un agarrao… Y libro de firmas, y…. Maravilloso. Cuando nos fuimos, le dijimos al marido, cual vulgares PadrinosCorleones…"cuídanos a nuestra niña, eh?" Uno se transforma con la emoción, qué quieres.

Y ahora una duda, por qué se puede bailar horas, horas y horas con unos zapatos de tacón tan campante, y en cuanto una se sienta o se sube al coche, al bajar, no puede ni dar un paso??????

6 comentarios:

Mamá Carmen dijo...

Vaya, por la hora en la que escribes debiste pasarlo genial. Me alegro mucho. Tenías que haberte quitado los zapatos cuando te sentaste en el coche!! Un beso.

expatriada dijo...

Tu post también es muy emocionante, Coro! Y ahora, a descansar los piececitos! Un abrazo.

Laia dijo...

Me alegro mucho de que lo pasarais tan bien, que envidia de boda!!! esas boda existen de verdad?? mira que me estoy arrepineitendo de haberme casado en el judgado sin avisar...

Gran dilema lo de los zapatos, es como si te los quitas un segundo y jamas puedene volver a entrar...

Besos

Françoise dijo...

Hasta ganas de llorar me dieron...... que boda mas original y creativa!!! que emocion!!!
el dia que se case alguna de mis amigas yo me desmayo!!
Pobres pies los tuyos.... espero que hayan descansado hoy, delicioso en casa!!!
Me voy a escurrirme las lagrimas, a mi las bodas siempre me hacen llorar...

Lu dijo...

Oh qué emocionante!
Qué rico es hacer las cosas tal como uno quiere, tan real, como tú cuentas.

Y lo de los zapatos, bueno a mi me pasa lo mismo con los que uso a diario. Camino, camino, camino, me siento y ya no más me puedo parar. Duele!

Besos,

Lu

coro dijo...

Mis pies se recuperaron a la mañana siguiente a duras penas, y no me los podía quitar en el coche, Carmen, porque nos dejaban en el portal y tenía que subir hasta casa por un camino de pidrecitas... preferí muelteeee!!!!
Y sí, aunque parezca increíble, esas bodas existen, aunque yo, a mis 35 años nunca había ido a una. Un beso enorme, enorme, enorme para todas y gracias por pasaros.